Praga se comprende también a través de su mesa: una ciudad donde la tradición centroeuropea se reinterpreta con precisión contemporánea, entre mercados, bistrós de autor y bodegas discretas. En el pulso culinario actual conviven la herencia del Imperio y la mirada curiosa de una capital intelectual, con barras que afinan el cóctel como si fuera una pieza de cámara y cocinas que hablan en checo, pero piensan en el mundo.