En Praga, los museos de arte son más que salas de exposición: son ventanas a una ciudad que ha pensado —y discutido— la modernidad con una intensidad poco común en Europa Central. Entre vanguardias, surrealismo y miradas contemporáneas, estas colecciones revelan el pulso intelectual que une la elegancia histórica con una creatividad discretamente audaz. Para el viajero exigente, son paradas esenciales para comprender el carácter praguense: culto, preciso y siempre un poco inesperado.