En Praga, la cerveza es una forma de cultura: un ritual social donde conviven la precisión artesanal de los maestros cerveceros y el pulso intelectual de la ciudad, de las cervecerías históricas a los taps contemporáneos. Para el viajero exigente, explorarla es leer Praga desde dentro —en una mesa de madera bien gastada o en un bar de líneas depuradas— con la misma atención que se reserva a la música, la arquitectura y la conversación.